El lugar mas occidental de la Isla. Punta de Teno.

En la parte mas occidental de la Isla, donde el fin nos lo marca uno de los siete faros que hay en Tenerife, un paisaje muy conocido para muchos, y a la vez desconocido para otros…

Un relato que nos trasporta a uno de los rincones mas bonitos de la Isla contado por una gran aventurera…

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Me bajo del coche y contemplo esa maravillosa costa que es Teno, a simple vista un desierto de piedras rojas y amarillas con el gran azul a la derecha y sus salpicaduras blancas por los azores del viento tan característico de esta zona de la isla.

Voy dispuesta a recorrer su costa, a ver sus pliegues, siempre cerca del mar. Con la vista puesta en el faro comienzo mi camino para poco a poco continuar el sendero y darle la espalda… 

Un mal país bajo mis pies me prometen que el paseo no será de adoquines rojos.
Aunque existe una pista de tierra más arriba, la descarto. Quiero ver el mar, y sus escondites favoritos.

Al poco de andar comienzo a vislumbrar gran cantidad de charcos, pues la marea esta baja y me deja ver su fondo. Algunos se disponen como ríos que apuntan a ese faro tan admirado.

 

Verdes cristalinos, de toques turquesas y amarillos,  son música alegre para mis sentidos y me refrescan en este bello comienzo.
Aún desconocía el espectáculo que me tenía preparada esta costa.
Tras las fotos de rigor prosigo siempre hacia adelante en dirección a los “gigantes de metal” y sin dejar el mar de compañero.
En la cercana lejanía intuyo un arco de piedra. Para una amante de estas formaciones, como es mi caso, es un motivo de saltos y aplausos, así que rápidamente y con permiso del suelo que se resiste a ser recorrido con prisa, me dirijo hacia él, sí… Ahí está.. Pero no uno.. Sino cuatro arcos de piedra en el mismo filón. Para que decir..que no quepo en mi.

El viento fuerte, propio de esta costa dura, hace que el mar juegue con ellos a columpiarse y a mi a observarlos infinitamente con admiración.

Prosigo mi camino encontrando más en la zona, pero ahora está costa, no sólo me ofrece arcos de piedras en el mar, me regala también, cuevas y jameos de grandes dimensiones. Ventanas en el suelo refrescan mis ojos con el color azul y verde del mar, contrastando con el rojo de la piedra por la que camino.

Un pensamiento recurrente comienza a rondar por mi cabeza.
Estoy andando por una cupula gigante. La cúpula de infinidad de cuevas que están bajo mis pies.
La idea de un desierto de bella costa se difumina para dar paso a la de un gran oasis de una vida y vitalidad infinita.
He dejado de sacar fotos… La abundancia de arcos, cuevas y jameos me han absorbido y solo deseo contemplar y contemplar indefinidamente…
Mi viaje va llegando a su fin con un broche de oro ya la altura de esos gigantes incansables de dar vueltas.
Estan ahí.. De pié, impasibles, viendo el gran océano.
Los acantilados dibujan el perfil de este último tramo de mi andar.
Estallidos de color me saludan con la promesa de encontrar mucho más en ellos si prosguiera.
Tres arcos maravillosos cuevas y acantilados de un solo vistazo frente a mi, me hacen despedirme con un…  volveré.

Sonia Perez Gutierrez

 

 

 

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Sonia_p.g

 

 

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