Campo de concentración Batallon 91 en Vilaflor.

Esta es una historia desconocida para muchos, uno de esos lugares donde el tiempo se a parado, pero que grita en silencio el sufrimiento de muchas personas. Un lugar que parece mentira que existiera. Un sitio donde está más cerca de las películas, que de poder imaginar que esto ocurrió en nuestra Isla.

Cuando en 1939 terminó la guerra civil española, comenzó un largo camino para muchas personas que habían sido contrarias al Régimen, o simplemente no quisieron levantar la mano para hacer un saludo fascista en la época.

Muchas de estas personas fueron condenadas a trabajos forzados y a realizar en condiciones más que miserables trabajos, con el pretexto de reconstruir el país, obras de las cuales muchas, en aquel tiempo eran innecesarias.

Fotos de Luis Celaya Iriarte, preso de este Batallón.

Cuando nos hablan de campos de concentración se nos va la mente enseguida a la Alemania Nazi. Pero increíble resulta conocer la historia de un campo de concentración aquí en Tenerife, donde vivimos, sin ir muy lejos.

El Batallón de Soldados Penados Trabajadores 91 fue destinado a Canarias entre Septiembre de 1941 y febrero de 1943. Estaba compuesto por tres compañías que llegaron a Gran Canaria, Fuerteventura y Tenerife. Su cometido fue la construcción principalmente de carreteras.

El primer asentamiento del Batallón fue en las Cañadas para construir la carretera de Arafo. Una vez finalizada estas obras fueron trasladados hasta el Llano de Ucanca para hacer la carretera de Vilaflor-Guia de Isora. Posteriormente serían conducidos hacia las faldas del conocido “Sombrerito de Chasna” para más tarde pasar por “La Vica” y terminar en los terrenos ocupados por “Aguas del Pinalito”.

Es en La Vica,  a día de hoy, donde todavía podemos observar los restos del campamento en el que tuvieron que pasar confinados aquellos hombres. Un lugar que durante siete años, prisioneros Republicanos pasaron los días de manera precaria y donde muchos alcanzaron la muerte, y otros, en cambio quedarían marcados para siempre su paso por este lugar en las faldas de El Teide.

Para muchos de estos presos no fue su fin aquí. Posteriormente este Batallón fue trasladado a África y más tarde acabaron sus días en la construcción del Valle de Los Caidos.

Cuando llegas al lugar se pueden ver los restos de los barracones que sirvieron de alojamiento para los casi 700 presos que llegó a tener el campamento, algunas de las infraestructuras de la época y como fue mi caso encontrarme con alguna suela de las lonas de algún preso del momento.

Sorprende que cada “goro” es de un tamaño diferente, y pocas edificaciones eran iguales. Esto era debido a que según llegaban los presos se construía según su tamaño y altura para que entraran justos y hacinados para dormir.

Un lugar olvidado en el tiempo, olvidado en la memoria de muchas de las personas que hoy viven en Tenerife. Un lugar donde la barbarie de un campo de concentración se plasma por el mero delito de pensar diferente. Un lugar de silencio que permanecerá para siempre, para quizás recordarnos algún día que la intolerancia es mala compañera de viaje.

Y es que por suerte hace ya mucho tiempo esta etapa pasó a la historia, una historia que hoy podemos visitar y hacernos una idea de lo que fueron aquellos años en la vida de muchas personas.

 

 

Con la colaboración de:

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http://www.ecosuitescaves.com

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